EL COMIENZO
Todo comenzó con unos libros.
Tenía 17 años cuando comencé a vender libros.
No tenía un gran plan empresarial. No estaba pensando en construir una marca personal y mucho menos imaginaba lo que vendría durante las siguientes tres décadas.
Simplemente estaba aprendiendo a vender.
Pero en aquel proceso comencé a descubrir algo que terminaría acompañándome durante gran parte de mi vida: detrás de cada venta hay una persona, detrás de cada decisión hay una historia y detrás de cada oportunidad existe la posibilidad de construir algo nuevo.
Aquellos libros fueron el comienzo.
APRENDER HACIENDO
Los años siguientes me llevaron por distintos caminos.
Vendí. Emprendí. Inicié proyectos. Conocí diferentes industrias. Aprendí a negociar, a desarrollar ideas, a trabajar con personas y a asumir responsabilidades.
Algunas cosas funcionaron muy bien.
Otras no.
Lo que salió bien me dio resultados. Lo que salió mal me dio experiencia. Y muchas veces, la experiencia terminó valiendo más que el resultado.
Porque emprender también significa descubrir que una buena idea no garantiza un buen resultado, que trabajar mucho no siempre significa avanzar en la dirección correcta y que algunas decisiones pueden cambiar completamente el rumbo de una historia.
VOLVER A EMPEZAR
También tuve que comenzar otra vez.
Mi historia no ha sido una sucesión perfecta de éxitos.
Ha tenido cambios. Decisiones difíciles. Proyectos que terminaron. Etapas que tuvieron que cerrar para que otras pudieran comenzar.
Hubo momentos en los que fue necesario reconocer que algo ya no estaba funcionando y tener el valor de cambiar de dirección.
Y ahí aprendí una de las lecciones más importantes de estos 30 años:
volver a empezar no significa regresar al punto de partida.
Cuando vuelves a empezar, llevas contigo experiencia, cicatrices, conocimiento, relaciones, errores y una perspectiva que antes no tenías.
Por eso hoy creo que un nuevo comienzo no es una derrota. A veces, puede ser el comienzo de una evolución.
LIDERAZGO
Los negocios también forman personas.
Durante mucho tiempo pensé que crecer tenía que ver principalmente con vender más, construir más y avanzar más rápido.
Con los años entendí que existe otro tipo de crecimiento.
El que sucede dentro de la persona.
Porque puedes aprender estrategia, marketing, ventas, liderazgo y administración, pero tarde o temprano los negocios terminan confrontándote contigo mismo.
Ahí entendí que todo crecimiento comienza por la persona.
PROPÓSITO
Después apareció una pregunta más importante.
Con el tiempo ya no fue suficiente preguntarme: ¿Qué puedo construir?
Empecé a preguntarme: ¿Para qué lo estoy construyendo?
Ahí el propósito comenzó a ocupar un lugar diferente.
Mi fe, mi familia, el liderazgo, el servicio a otras personas y la posibilidad de dejar algo que trascienda cambiaron mi manera de entender el éxito.
Pero también creo que todo eso adquiere una dimensión distinta cuando existe una razón que va más allá de nosotros mismos.
TREINTA AÑOS DESPUÉS
Y todavía estoy aprendiendo.
Han pasado tres décadas desde aquel muchacho de 17 años que comenzó vendiendo libros.
Todavía estoy construyendo. Todavía tengo proyectos, ideas, sueños y cosas que quiero hacer.
Pero ahora también quiero compartir el camino.
No desde la posición de quien cree tener todas las respuestas, sino desde la experiencia de alguien que ha construido, se ha equivocado, ha aprendido, ha cambiado de dirección y ha tenido que volver a empezar más de una vez.
De eso trata este espacio.
Ideas y experiencias para construir mejores negocios, desarrollarnos como personas y recordar que el éxito también necesita una razón.